CAPÍTULO 54. Un castillo para la princesa
Mientras el helicóptero se acercaba a la propiedad, Darío solo podía pensar en que Alonso Fisterra, su entrenador desde hacía ocho años, lo conocía mejor que el padre que lo había hecho. Estaba ya esperándolo en el enorme jardín trasero de la mansión, y cuando el helicóptero por fin se detuvo, Sammy pasó de sus brazos directamente a los de Grillo, que la llevó al interior de la casa como si fuera una pluma.
Iba medio dormida, así que Alonso la acomodó en uno de los enormes divanes del salón y a