CAPÍTULO 20. Cuatro cuadros feos de Van Gogh
Darío sonrió con los ojos cerrados mientras sentía el pequeño cuerpo de Sammy acurrucarse contra su costado y morder sobre la piel tensa de su pecho.
—¿No vas a sacar la corneta militar para despertarme hoy? —lo molestó ella.
—Lo pensé, pero tú no estás en condiciones de soplarla —respondió Darío y Sammy lo mordió más duro.
—¡Sucio! —rezongó incorporándose en la cama y frotándose los ojos para desperezarse—. ¿En serio podemos descansar hoy? —preguntó y lo vio asentir antes de tirar de ella y ac