CAPITULO 7. ¡Toca el bicho!
Sammy se llevó una mano a la frente, haciéndose sombra sobre los ojos. El atolón era tan pequeño que solo debía tener unos tres kilómetros de largo, sin embargo el suelo era rocoso y lastimaba los pies a tal punto que había que elegir muy bien dónde pisar.
Así que lo que podía haber sido una caminata de cuarenta minutos, se convirtieron en tres horas de martirio bajo el sol.
Sammy contuvo la respiración cuando su estómago rugió, protestando, y Ángel se dio la vuelta, pero no dijo nada porque él