El corazón de Margaret se aceleró cuando escuchó la voz de Alexander al otro lado de la línea.
—¿Quién demonios te dio mi número? —cuestionó ella, con su voz temblorosa.
—¿Acaso no te da gusto escucharme? —dijo Alexander, con un tono socarrón.
—Jamás en la vida me daría gusto escucharte —espetó Margaret.
Ben escuchó la voz tensa de su madre y se inquietó.
—Escúchame, Margaret, te di la oportunidad de volver a mí y elegiste mantenerte alejada y encima llevarte a Ben. Eso fue un grave erro