Margaret intentó mantener la distancia, pero Richard se acercaba demasiado e hizo que ella retrocediera. La joven madre pudo sentir que su corazón se aceleraba cada vez más cuando lo veía, observando sus hermosos rasgos, esa elegancia al caminar y sus anchos hombros.
—Buenos días, Margaret —dijo Richard, su voz era profunda y seductora.
—Buenos días, Sr. Richard —respondió Margaret, tratando de mantener la voz firme.
Richard se inclinó aún más cerca, con su cálido aliento en su mejilla.
—Te ve