El teléfono timbraba y timbraba una y otra vez; James no obtenía respuesta de Margaret, ni siquiera en aquel mensaje que él le había enviado sobre un lugar mejor para que ella y el pequeño Ben vivieran.
Un sentimiento muy malo se formó en su pecho y como si se tratara de un rayo se alistó y salió de su pequeño apartamento hacia el de su querida amiga. En el camino hizo una compra rápida y continuó su trayecto.
James llegó al apartamento de Margaret con un ramo de flores, con la esperanza de ani