La mansión de Alexander estaba envuelta en una atmósfera de misterio y ocultamiento.
La mañana comenzaba a filtrar los primeros rayos de luz en el lujoso comedor, donde Margaret, inquieta y preocupada, bajó con Ben en brazos para desayunar. La pesadez se hacía cada vez menos soportable, había sido una noche muy… intensa.
Las sirvientas, siempre atentas a las órdenes de Alexander -quien aún no se había dignado a aparecer-, se acercaron de inmediato para servir a Margaret, pero ella intentó r