En Boston Whitney daba vueltas en su habitación como león enjaulado, cualquiera en su sano juicio lo pensaría 10 veces entes de golpear la puerta, decir que su teléfono no fue lo único que terminó contra la pared era lo menos y que sólo se podía escuchar el destrozo y sus gritos.
—¡¡Me las pagarás Scott Newman, ningún hombre tiene derecho a rechazarme, ni siquiera tú y mucho menos de preferir a esa don nadie en vez de mí!!
Al poco rato su padre entró sin siquiera golpear la puerta —¡Me puedes d