Decir que el corazón de ambos latía al máximo después de ese beso era poco, que Scott trataba de controlarse para que su emoción no se notara ya que estaban en medio de una plaza, aunque en un momento ya no aguantó más y preguntó —¿Qué dices si nos vamos al departamento?
Y la respuesta que escuchó fue la mejor —Pensé que nunca lo dirías.
Después de esa respuesta rápidamente la tomó de la mano y por la extraña fortuna de la vida un taxista que pensaba recoger unos metros antes por otro pasajero f