82. UNA PROMESA
CAÍTULO 82
Cristina no pudo separarse de él o romper el beso. René la poseyó como si hubiese estado sediento por años, lo cual era verdad, y cayó en sus brazos, se dejó influenciar por más que su mente luchara. Un beso que caía en la desesperación, la rabia y el deseo a la vez. Moría por éste beso cada noche que René se marchaba, y lo veía entrar a la casa.
En ese momento el beso resultaba ser una bala directo a su corazón, y no podía sacarla de allí. René la llevó hasta la isla de la cocina, d