24. ANHELANDO POR VERLA
—¡No, René! ¡Para! —Maite trató de detenerlo.
Pero René fue más rápido en sacarla del camino y clavarle el primer golpe en la mejilla a Rio. Lo sostuvo por el cuello y lo lanzó a la pared.
—Te advertí que te alejaras de mi mujer. Te advertí que mantuvieras la maldita distancia y entras a mi casa para joderme la puta paciencia —René se echó hacia atrás cuando Maite lo empujó—. Lárgate.
—Si me llegas a poner una mano encima te juro que te rompo la puta cabeza, ¡cabrón! —Rio escupió, también para