En el momento en que vi a Donovan, todo el agravio, el miedo y la ira que bullían en mi interior finalmente encontraron salida. Dije con voz ahogada: —¡Don!
Corrió a mi lado con los ojos llenos de preocupación. Se quitó el abrigo y lo envolvió a mi alrededor, ocultando mi pelo cortado de forma irregular. Solo cuando me acurruqué en su cálido abrazo me sentí finalmente segura de nuevo.
Su llegada no solo me trajo consuelo, sino también una presencia aplastante y sofocante.
La temperatura en la