El vestíbulo se llenó solo del chirriante sonido de los lastimeros sollozos de Falcon y Julia. Tras un largo momento, finalmente dejé mi taza.
El nítido tintineo de la porcelana al chocar con la madera cortó el aire, obligándolos a ambos a guardar silencio. Me miraron con ojos llenos de temor, pero más que eso, de desesperada esperanza.
Sonreí levemente, aunque no había emoción en mi voz cuando hablé.
—Si mi hermano no hubiera llegado a tiempo ese día, ¿alguno de ustedes me habría perdonado