Olivia miraba aquella puerta con tanta devoción, su hermana saldría por ella. Estaba nerviosa, Julieta había insistido en que se tranquilizara, que podía demorar, pero que todo estaba listo.
Por más que insistió en que le contara cómo había logrado que saliera, Julieta omitió todo lo que tuvo que hacer. Era una mujer perspicaz y conocía la debilidad de los hombres, sobre todo si esa debilidad vestía tacón del número quince.
Una mañana, después de dejarla en el hospital, fue de visita a la casa d