—S... señor... —ella tartamudeó mucho y él dio un paso amenazador hacia ella, lo suficientemente grande como para cerrar toda la distancia entre ellos haciéndola jadear.
Antes de que ella pudiera dar un paso atrás, sus dedos serpentearon detrás de su cuello y agarró la nuca de su cuello con un agarre dominante que hizo que su rostro se inclinara hacia arriba. Se le cortó la respiración cuando pudo mirarlo correctamente. La luz de la luna caía sobre la mitad de su rostro haciendo más visible la