—¿Por qué sigues llorando, amor? —dijo Hades en un tono suave mientras le acariciaba las lágrimas, pero ella seguía llorando en silencio sin decir una palabra.
Estaban en su habitación cuando él la hizo sentarse en su regazo en el segundo en que se sentó en el borde de la cama.
Le dolía el corazón al verla así pero no quería interrumpirla, era mejor que llorara a carcajadas y se deshiciera de todo el bagaje de emociones que la había afectado en los últimos días.
No importa cuánto lo intentara,