Lascivos muy abiertos.
Todos los ojos se volvieron hacia ellos y las chicas se pusieron rígidas.
—Ahora, empieza —reflexionó Magnus y Aria tragó saliva
—N... nosotros no... yo... esto... —Aria tartamudeó en voz baja y Magnus frunció el ceño.
—¿Qué dijiste? —Su voz era fría y mortal.
Aria no sabía por qué, pero sus ojos se lanzaron en dirección a hades. Estaba mirando hacia la mesa y tenía la mandíbula apretada, pero parece que siempre tiene esa expresión.
—Dijo que no somos bailarinas —dijo Luna con coraje forzado.