Jagger Stewart
Hacía diez años que no sentía que el aire entraba en mis pulmones con tanta facilidad. Mientras conducía hacia la clínica privada, mi mano derecha descansaba sobre la de Emily, apretándola con una ternura que ella parecía recibir con una rigidez que yo, en mi bendita ceguera, atribuí al miedo.
—Tranquila, Emily —le dije, dedicándole una de esas sonrisas que guardaba bajo llave para el resto del mundo—. Sé que tienes miedo. Sé que después de tanto tiempo esto parece un milagro frá