Jagger Stewart
El motor de mi Range Rover rugió con una mezcla de potencia y cansancio mientras cruzaba el arco de entrada de la hacienda Christian. Durante las últimas semanas, mi vida se había resumido en tres cosas: auditorías legales para enterrar a los Rollings, llamadas interminables con mi madre para gestionar su sed de venganza, y ella.
Arielle.
Era absurdo, casi ridículo para un hombre de mi posición y trayectoria. Tengo treinta y siete años; he dirigido imperios, he sobrevivido a un m