CAPITULO LXXV — La melodía de un nuevo latido.
Arielle Stewart
El aire en el Bridgestone Arena estaba cargado de esa electricidad que solo Nashville sabe generar. El olor a cuero, perfume caro y el murmullo de miles de sombreros de ala ancha se filtraba a través de las paredes de mi camerino. Esta no era una gala cualquiera en Los Ángeles; eran los CMA Awards, el corazón palpitante de la música country, y yo estaba nominada a "Artista del Año".
Frente al espejo, el vestido esmeralda de corte sirena me hacía parecer una sirena que acababa de