Al día siguiente, el hambre me hizo despertar, y después de pensarlo y pensarlo, nuevamente salí de la habitación, temiendo toparme con una escena como la de la noche anterior.
Pero, afortunadamente, la mujer no estaba allí. Pues al bajar al comedor, solo encontré a Julián; se encontraba vestido con un impecable traje azul oscuro muy cercano al negro, a juego con el color de sus ojos. La mesa de cristal oscuro frente a él estaba vacía.
Y no había nadie más allí aparte de él, eso me llenó de