Apenas aparcó en chofer estacionó el auto frente a la residencia, salí de él y entré para después cerrar de un portazo. Había dejado a Julián con su amante, pero la humillación me había seguido hasta allí.
Con andar rápido, subí las escaleras y luego de entrar a nuestra habitación, me arranqué el vestido y entré a la ducha. No me importó que estuviese fría, solo me enjaboné el cuerpo frenéticamente, ansiosa por limpiar de mi cualquier rastro suyo.
—Te odio Julián, te odio... ¡Te odio! —grité