¡Te tengo!
Antonella
Aparté mi mano del brazo de Dante y me alejé un poco de él. Decir que su petición me había sorprendido era decir poco ¡Estaba en shock! Nunca en mi vida había abrazado a nadie que no fuera el abuelo o Carina.
¿Cómo podía interpretar la petición de Dante en ese momento?
—Lo siento, no debí pedirte tal cosa —pronunció, había una extraña nota en su voz que me hizo sentir culpable.
—¿Por qué quieres un abrazo? —le pregunté al ver que él emprendía la huida.
—Olvídalo, Antonella,