Capítulo cuarenta y uno.
El fruto de nuestro amor
Antonella
Había acudido a la oficina de la presidencia del hotel para reunirme con el CEO, le había dado personalmente las gracias por cubrir los gastos de Dante y por concederle el permiso para dejarle descansar.
Era extraño, luego del breve encuentro en el pueblo de semanas atrás, no habíamos coincidido en lo absoluto. Pero algo dentro de mi corazón sintió como si lo conociera de toda la vida.
Una idea loca, ¡Era imposible! Él es nuevo en Amalfi y yo no he salido del