Alejandra
Entro a la oficina azotando la puerta con fuerza, el maldito de Aaron se está acomodando la camisa dentro de los pantalones, la rabia que corre por mis venas es tanta que incluso siento un calor sofocante.
- ¡¿Qué rayos te pasa, Alejandra?! Le dije a tu secretaría loca que quería hablar contigo esta noche, ¿No podías esperar?
Tomo uno de sus ridículos adornos y se lo arrojó con fuerza, por suerte para él y mala para mí, logra esquivarlo, la figura se hace pedazos al chocar contra la