Un pánico como ningún otro que hubiera sentido inundó a Alana en cuanto se despertó. Gritó por ayuda.
—Enseguida vendrá el doctor —le dijo la enfermera, intentando calmar su angustia.
Alana quiso bajar de la camilla, las piernas se le doblaron, sus costillas crujieron y un dolor agudo le recorrió la espalda hasta el cuello. Llevaba un collarín. Ya no intentó levantarse.
—¿Cómo te sientes? —le preguntó el doctor al llegar.
—Como si me hubiera pasado por encima un camión. ¿Fue eso lo que pasó?
—Al