El auto que transportaba a Alana dejó Mabi y tomó el acceso a la carretera, rumbo al sur. Tras casi dos horas de viaje y ya lejos de toda civilización, siguió por un camino de tierra que se internaba en un espeso bosque.
Definitivamente odiaba los bosques.
Además del conductor, otro hombre la acompañaba, un lobo presumiblemente. Fue él quien la escoltó al llegar a una casona en medio de la nada. Esperaba encontrarse con Mateo dentro.
En la sala, fumando un puro, había alguien más. Era un hombre