—Buenos días, Marcos.
—Buenos días, Jerson. ¿Hay alguien en casa?
—Todos salieron. Tal vez Mateo venga a cenar.
—Pues lo veré en otra ocasión, sólo vengo de pasada, hay una chica esperándome.
—Siempre hay una chica esperándote.
Los dos rieron. Marcos dejó al guardia y entró a su casa en Mabi. Pasó de largo por su habitación y fue directo a la oficina de Mateo. Qué estuviera cerrada con llave no fue impedimento para él, que ya estaba cansado de las sutilezas.
Un pequeño empujón y desencajó la cer