Iver entró a la cabaña y fue directo al baño. Bajo el chorro de agua se deshizo de la sangre que le manchaba las manos. Era mucha sangre, tendría que cambiarse la ropa también.
Había pasado mucho tiempo desdes que alguien no lo hacía cansarse. Usualmente conseguía lo que quería mucho antes, conocía técnicas especiales, secretos de los que nadie hablaba, formas sencillas de infligir un dolor insoportable.
No era un torturador, claro que no, él no actuaba en beneficio propio ni mucho menos y só