—Me sorprende que hubieras regresado tan pronto de tus vacaciones —comentó Pedro.
Tanto había insistido Martín que acabaron reuniéndose a almorzar con él en un restaurante. Aprovechando que el niño estaba muy concentrado comiendo su postre, Alana le contó a susurros la serie de eventos desafortunados que acabaron con su descanso, omitiendo todo detalle licantrópico.
—Podrá ser un desgraciado, pero es el padre de Martín y ahora empezarás a verlo más seguido. ¿Todavía sientes algo por él?
—Odio.