—¿Iremos muy lejos? —preguntó Alana al ver llegar a Damián en el deportivo.
—No, no tanto.
—Es una linda tarde para caminar.
Alana mandaba y como Damián no quería hacer nada que opacara su primera cita, fue a dejar el auto a los estacionamientos.
—Caminemos entonces.
Nuevamente un silencio incómodo los acompañaba como una sombra. En el auto al menos podrían haber puesto música. Eran dos extraños que aparentemente se amaban por obra y gracia del destino, pero no dejaban de ser eso, extraños.
—