Marcos entró al dormitorio cubriéndose la cabeza por si Damián le lanzaba algo. Su primo estaba en la cama, con cara de trauma junto a la caja de galletas vacía.
—¿No me digas que estaban malas y te hicieron daño? Qué mata pasiones.
—Estaban deliciosas. Fui para agradecerle y la vi besándose con otro.
—¿Seguro que era ella?
—Sí.
—Tú también te besas con otra, están en igualdad de condiciones.
—No es lo mismo. Alana no es del tipo de mujer que besaría a alguien sólo para sacarse la calentura. Si