— Tiene cinco minutos. — Gruñó el oficial, abriendo la reja de la celda de Alma, y de inmediato, la joven se lanzó en los brazos de Edan, temblorosa, perturbada, llorando.
— Edan… ¿Qué han dicho? Es muy grave, ¿Verdad?. — Alma levantó la vista, con los ojos llorosos.
— Me temo que sí. — Murmuró Edan en respuesta, apretándola contra su pecho.
— ¿Qué voy a hacer, Edan? ¿Y mi familia? ¿Ahora que será de ellos?. — Musito ella, restregando su rostro en el pecho de él.
Edan se quedó un segundo en