Cap. 21: Un material de oro.
El impacto fue instantáneo. Stefano estaba de pie en el pasillo, imponente, vistiendo un traje a medida de corte impecable que acentuaba su figura atlética y la elegancia innata de un Valenti. Stefano, por su parte, se quedó como una estatua. La mujer frente a él no era la empleada vulnerada de la inmobiliaria; era una visión deslumbrante, una belleza aristocrática que le robó el aliento. Por un segundo, el aire entre los dos se volvió denso, electrizante.
—Buenos días, señorita Emily —saludó é