Cap. 30: Ustedes tienen la última palabra.
Emily sintió un vuelco en el pecho y por unos segundos tuvo la intención de decir: ¡sí! ¡es tu hijo! Pero recordó que él era un vizconde.
—No, claro que no. Yo no quiero que mi bebé crezca ni sea parte de una familia que impone cosas y controla vidas. —Luego, la dureza de su mirada se suavizó y lo observó con profunda dulzura—. Te lo agradezco, de verdad. Sé que no es por ti... es por el peso de quién eres y el apellido que llevas. Y por favor, que no se te ocurra renunciar a tu título solo p