Cap. 32: ¿Seguirle el juego?
Letizia cruzó la puerta principal de la mansión dando un portazo que hizo temblar las arañas de cristal del recibidor. Venía hecha un desastre: el rímel corrido le enmarcaba los ojos como a un mapache, la ropa arrugada y el llanto sofocado deformándole el rostro de pura rabia y humillación.
Deborah, su madre, bajó las escaleras a toda prisa con el ceño fruncido y los brazos abiertos.
—¿Qué ocurrió? —preguntó alarmada, tomándola por los hombros—. Vi las noticias... es terrible lo que Stefano hiz