Por Mark
—¿Eres consciente de que tuve que limpiar el vómito? —preguntó el hombre, empujando bruscamente a la bruja.
—Lo siento tanto, no pensé demorarme. No sucederá otra vez. —dijo ella, afligida, sin levantar la cabeza ni por un segundo.
—No me importan tus excusas. ¡Eres tan inútil, vieja bruja! —chilló el hombre, arrojando una de las tazas de la alacena al suelo.
Escuché el sonido de la taza haciéndose pedazos contra el suelo, podía ver la escena desde una de las ventanas. Sin embargo, la