—No puede ser… —empecé a decir, tartamudeando.
—Es lo que te digo cariño, no estoy loca… Un monstruo se ha llevado a tu padre. ¡Un monstruo! —gritó con desesperación, sin importarle que estuviéramos rodeados de personas.
En la cafetería, la gente comenzó a mirarnos por el escándalo, mi madre estaba realmente desesperada. La abracé para darle más estabilidad.
—Te creo, mamá, tranquila. —le dije, porque comenzaba a notar que su ritmo cardiaco aumentaba drásticamente.
Debía estabilizarla para que