—No me lo dijiste. —mi voz se oía resonante en medio de la habitación.
Zem me miró con los ojos entrecerrados, no se iba a molestar en mentirme y eso yo lo sabía bien. Sin embargo, mi ira también iría hacia él si no se atrevía a decir siquiera alguna palabra para defenderse o justificarse.
—Quería estar seguro. —empezó a decir, con su seguridad característica. —Tenía que saber si no era una trampa.
Aunque no era la mejor de las justificaciones, me sirvió bastante. Yo necesitaba su ayuda para ve