Valeria no quería resultar una mujer ansiosa y empecinada, pero al cabo de tres horas ya deseaba llamarlo aunque solo fuera para escuchar su voz. No sabía lo que provocaba Mario, pero esa sensación nunca la había sentido por nadie. Estaba en una nebulosa.
Era pasada la media noche cuando su móvil sonó con la entrada de un mensaje. Y si no llega a ser porque su hermana estaba durmiendo en el cuarto de al lado, su grito se hubiera escuchado al otro lado del Atlántico.
"¿Nos podemos ver mañana?