Epílogo:

Meses después Valentina y ella estaban sentadas en la cubierta del barco, rodeadas de capazos de bebés.

—Dios mío, por fin —dijo su hermana bebiendo de su té helado. Estaba atardeciendo y los colores pintaban el firmamento, ya no hacía tanto calor. Era agradable la brisa y en el barco se estaba muy bien.

—Llevan toda la tarde que cuando no llora uno llora el otro. ¡Dios, necesitaba estas vacaciones!

—Hicieron una buena inversión al comprar el yate.

—Pues sí. Me encanta la vista. Si mi marido no estuviera tan bueno, le echaría el ojo al tuyo —Valentina la miró con el ceño fruncido para después soltar una carcajada. Ambas gemelas suspiraron.

Era cierto que Noah y David en shorts de baño y con el torso al aire era un espectáculo por el que cualquier mujer pagaría un dineral. Estaban recorriendo el Mediterráneo. Sus padres estaban en la otra punta pescando y sus rostros estaban llenos de júbilo.

—Es bueno tenerte conmigo, Ria. Y aunque quiero que seas feliz no soportaría que estés e
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