—Te juro que no es lo que piensas — le dijo Lizbeth a Sebastián, intentando explicarse, y este alzó la mano derecha pidiéndole silencio con ese gesto mudo.
—Desde cuándo te importa lo que yo piense. No me debes explicaciones — replicó Sebastián sin girar el rostro para verla, manteniendo sus ojos fijos en Nicolás, quien estaba recostado de su camioneta con postura relajada, sosteniendo un ramo de rosas azules mezcladas con rosas blancas.
—Por supuesto que debo. Eres mi esposo... — Sostenía ell