Capítulo 77. El dolor de una decisión inevitable.
Sebastián esperó a que las mujeres salieran y se aferró con fuerza a la mano de su esposa, dejando que la incertidumbre dominara su rostro, mientras le preguntaba con desesperación:
—¿Dime que es una broma?… por favor.
«No me la pongas difícil, dejarte me duele mucho», dijo Lizbeth internamente, luchando por contener el huracán de emociones que la invadía, escuchó esas palabras con un nudo en la garganta. Cada fibra de su ser temblaba de dolor, pero en un acto de valentía resignada, decidió qu