Capítulo 109. Música para mis oídos.
Estando frente al espejo, peinando su cabello, Lizbeth no dejaba de pensar en la náusea matutina que apenas había empezado y se llenaba de recriminaciones.
Sus cejas se fruncían ligeramente, y su expresión reflejaba un torbellino de emociones que iban desde la preocupación hasta la frustración.
«No debo adelantarme al proceso, tal vez solo estoy paranoica. Si eso es, estamos pasando por tantas cosas que los nervios me pueden estar traicionando», justificó para sí misma en un momento, tratando