— ¿Estás bien? —le preguntó cuándo noto que ni siquiera parpadeaba frente a la verja, ella suspiro y sacudió la cabeza.
— Yo estoy bien, céntrate en lo importante, —intento parecer calmada pero Cedric aún podía notar la tensión en sus hombros.
— Algún día tendrás que contarme porque odias tanto a la gente rica.
— No odio a la gente rica.
— Claro y yo no soy un mujeriego, fiestero y despilfarrador, —se burló sacando su teléfono celular. —Norberto... Si... Estoy afuera.
Informó y enseguida el enr