Carlos la miró lleno de disculpas. Tampoco sabía qué le había pasado, que en el último momento se distrajera y dijera... el nombre de Silvia.
—Lo siento —llegados a este punto, aparte de eso no sabía qué más decir.
Fátima no podía aceptarlo, lloró desconsoladamente, miró a Carlos con los ojos llenos de lágrimas:
—Carlos, ¿por qué? ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué precisamente en la cama dijiste su nombre? ¿Acaso ya te arrepientes de haberte casado conmigo, te arrepientes de haberte divorciado de