Tras decir esto, regresó a su propia casa en el piso de abajo. Su parte racional le advertía que no debía caer en este juego, que debía reconocer su posición.
Quizás era hora de poner las cosas en su lugar.
Esa noche, Fátima regresó a casa con aspecto abatido. Carlos acababa de salir de la ducha.
—¿Por qué vuelves tan tarde? —preguntó.
Fátima forzó una sonrisa.
—Mamá y yo estuvimos hablando mucho.
—Bien. Voy al despacho a escribir algo —dijo Carlos al pasar junto a ella.
Fátima observó su espald