Silvia se quedó sin palabras. Con ironía, respondió:
—Si él te ama tanto, ¿para qué vienes a decirme estas cosas?
Cuando Fátima iba a responder, un Cayenne se detuvo junto a la acera. Daniel bajó del coche y miró hacia Silvia.
Silvia ignoró a Fátima y se dirigió hacia Daniel:
—Señor Caballero, ¿para qué me buscaba?
—Sube al coche y te lo explico —dijo Daniel abriéndole la puerta del copiloto.
Tras un momento de duda, Silvia subió.
Fátima, con los ojos enrojecidos, gritó con frustración a Daniel: