Daniel cargó a Silvia hasta el automóvil y la acomodó con cuidado en el asiento.
Una vez dentro, Silvia pudo ver mejor el estado de sus piernas. Después de la aplicación del hielo, se habían hinchado considerablemente.
Daniel se sentó en el asiento del conductor con expresión culpable.
Después de todo, el termo era suyo y él había puesto el agua hirviendo. Si no le hubiera dado ese termo a Silvia, quizás nada de esto habría ocurrido.
El ambiente dentro del vehículo se sentía tenso. Silvia, senta