—¡Habla Leticia! —vociferó Abel, las vena de su frente saltaba a la vista.
—Yo… si te puse una sustancia —balbuceó, y apretó los ojos—, pero no pasó nada entre nosotros, lo único que hacías era llamarla a ella —gruñó—, aproveché ese momento para besarte y hacerte creer que era Malú, pero te quedaste dormido —explicó sollozando, y temblando.
Abel la soltó con fuerza, la miró con desprecio, negando con la cabeza.
—¡Estás enferma! ¿Con qué fin hiciste eso? ¿Por qué? —gritó Abel furioso.
Letici